Democratizar el ‘lobbying’ para salvar nuestra democracia
EL CONFIDENCIAL – Alberto Alemanno explica la importancia de democratizar el lobbying en plena crisis de la democracia representativa
La crisis de representación y la erosión de la intermediación, exigen hoy una democratización del ‘lobbying’. Y esto solo puede llevarse a cabo por medio de una desmitificación del fenómeno

Desde hace un tiempo, la democracia representativa vive una severa crisis que se extiende a todos los niveles de gobierno: local, nacional y supranacional. La evidencia mĆ”s alarmante de esto no es tanto la baja participación electoral, sino la incapacidad de la polĆtica para abordar algunos de los desafĆos sociales mĆ”s apremiantes de nuestro tiempo. Mientras históricamente los partidos polĆticos supieron actuar como intermediarios entre la ciudadanĆa y el poder, hoy estĆ”n experimentando una fuerte decadencia, no solo en tĆ©rminos electorales, sino tambiĆ©n de consenso y de reconocimiento entre la población. MĆ”s que promover el cambio, sus mecanismos de acceso y funcionamiento son un obstĆ”culo para el propio cambio. Esta incapacidad de los partidos para renovarse ha provocado grandes impulsos hacia formas de democracia directa, antagónicas a la representativa, pero ācomo se observa tras la experiencia pionera de Podemos en EspaƱa (pero tambiĆ©n tras la del Movimiento 5 Estrellas en Italia o tras la de los Partidos Piratas en otros paĆses europeos)ā han demostrado ser ilusorias en su capacidad de traducir las preferencias populares en acciones de gobierno. Al mismo tiempo, estos movimientos han tenido el mĆ©rito de ilustrar la creciente necesidad de nuevas formas de participación capaces no solo de facilitar el acceso a la polĆtica a nuevos segmentos de la población, sino tambiĆ©n y sobre todo de reconectar a los representantes electos con su pĆŗblico: los ciudadanos.
Son numerosas las iniciativas surgidas recientemente que, si bien confirman la democracia representativa como mĆ©todo preferente para gobernar democrĆ”ticamente, reconocen la necesidad de crear nuevas formas de participación āy, por tanto, de escucha y activación ciudadana por parte de los decisoresā que sean complementarias y no antagónicas a la democracia representativa.
En la elaboración de una polĆtica pĆŗblica, el objetivo es la identificación del interĆ©s pĆŗblico
Se trata de reconocer, tambiĆ©n en EspaƱa, que la democracia no termina con el momento electoral, sino que, por el contrario, se alimenta de otras formas de intercambio y contacto entre los cargos electos y los electores que se producen en el espacio existente entre una elección y otra. Ahora bien, este espacio, muchas veces definido como democracia participativa, es mucho mĆ”s amplio que el de la polĆtica (politics) y se extiende al de las polĆticas pĆŗblicas (policies). Si el primero nos permite elegir a nuestros representantes, es el segundo el que determina la calidad del aire que respiramos, la seguridad de los alimentos que comemos, la calidad de los servicios que recibimos y, por tanto, las oportunidades de vida que se nos ofrecen.
En la elaboración de una polĆtica pĆŗblica, el objetivo es la identificación del interĆ©s pĆŗblico, lo que la sociedad deberĆa perseguir para mejorar el bienestar general. Pues bien, para identificar de quĆ© se trata, es necesario e imperativo recurrir a la ayuda de todos los afectados por una determinada polĆtica pĆŗblica. Sin embargo, históricamente el proceso de formación de estas polĆticas ha permanecido oculto a la mayorĆa, quedando como prerrogativa de unos pocos sujetos āes decir, los cuerpos intermedios como sindicatos, partidos polĆticos, colegios profesionales, cĆ”maras de comercio y asociaciones patronalesā cuya actividad es comĆŗnmente liquidada y, por lo tanto, estigmatizada como lobbying. Sin embargo, a pesar de ser utilizado con un significado a menudo negativo, “hacer lobbying” significa sobre todo participar y, por lo tanto, contribuir al proceso de toma de decisiones, ocupando ese precioso espacio de escucha e intercambio entre los funcionarios electos y los votantes. Como tal, no solo es una actividad legĆtima, sino necesaria en toda democracia y ello independientemente de la naturaleza de los intereses representados, privados o generales, como la salud o el medio ambiente. Visto desde esta perspectiva, hacer lobbying permite a quienes estĆ”n fuera del “centro de mando” informar al decisor de cómo sus elecciones, en el proceso de formación de las polĆticas pĆŗblicas, afectan a los intereses y, por lo tanto, a las oportunidades de los diversos sujetos presentes en la sociedad.
Sin embargo,Ā sigue existiendo una fuerte resistencia cultural al fenómeno dellobbying. Aunque esta resistencia tenga mĆŗltiples explicaciones de carĆ”cter mediĆ”tico, polĆtico y social, representa un claro obstĆ”culo a un proceso legĆtimo y necesario del que nos privamos como nación. La narrativa periodĆstica dominante todavĆa hoy estĆ” relegada a la ilación, los tejemanejes o, en el peor de los casos, a la conspiración y el escĆ”ndalo. Lobbies, noĀ lobbying; corruptos manipuladores, no lobistas, rezan los titulares de los medios nacionales cuando informan sobre las interacciones entre intereses y decisores.
Es por ello que, por un lado, la crisis de representación y, por el otro, la progresiva erosión de la intermediación, exigen hoy una democratización del lobbying; y esto solo puede llevarse a cabo por medio de una desmitificación del fenómeno, normalizÔndolo en el imaginario colectivo.
Esto es lo que yo llamo lobbying ciudadano, en contraposición al actual ejercicio de lobbying por parte de quienes representan un pequeƱo nĆŗmero de intereses mayoritariamente particulares y bien organizados. Esta forma de movilización se diferencia del lobbying corporativo en que persigue objetivos de interĆ©s pĆŗblico, que trascienden los puramente privados. PodrĆa citar como ejemplo una organización no gubernamental (ya sea Greenpeace EspaƱa o Save The Children) que promueven cambios legislativos en beneficio de la comunidad (protección del planeta o de la infancia), o un movimiento cĆvico que pide el cierre de una fĆ”brica contaminante.
El lobbying ciudadano, en cuanto a forma de participación destinada a informar e influir en los decisores, ayuda a movilizar a los ciudadanos que, con demasiada frecuencia, se sienten impotentes y desalentados, involucrĆ”ndolos en los procesos de toma de decisiones, creando un nuevo vĆnculo entre la sociedad civil y las instituciones. Los ciudadanos lobistas ayudan, no obstaculizan, el trabajo de nuestros representantes polĆticos, informĆ”ndolos con puntos de vista no menos relevantes que los de las corporaciones y otros intereses organizados.
Si EspaƱa tiene un futuro democrĆ”tico, este solo puede pasar por la revisión en positivo de un fenómeno como es el ‘lobbying’
En un contexto caracterizado por la infrarrepresentación de los intereses pĆŗblicos (lo que conduce inevitablemente a una sobrerrepresentación de los intereses particulares), la proliferación de lobbies ciudadanos tendrĆa el mĆ©rito de ofrecer al decisor una imagen mĆ”s fiel de la realidad sobre la que incide con sus disposiciones y decisiones polĆticas o, tambiĆ©n, le darĆa indicaciones Ćŗtiles antes de emprender una nueva polĆtica pĆŗblica o su reforma. De esta manera, ellobbying ciudadano permitirĆa igualar el acceso a los procesos de toma de decisiones, en lĆnea con el principio de igualdad polĆtica mayormente olvidado en nuestro paĆs. Este principio no solo se descuida, sino que se subvierte por completo: el poder polĆtico que cada uno de nosotros ejerce en la sociedad no es igual, no tiene el mismo peso, pero a nadie parece importarle. La desigualdadpolĆtica no es mĆ”s que la otra cara de la desigualdad económica.
De ahĆ la necesidad de grupos y movimientos que, no persiguiendo objetivos electorales ācomo Fridays for the Futureā, sean capaces de participar y, por tanto, influir desde abajo en los reguladores. Actuando como enlaces (feedback loop) entre la sociedad y los cargos electos, llevarĆ”n a los partidos a adaptarse a nuevas formas de escucha y activación. Solo nuevas formas de participación podrĆ”n reactivar el imaginario colectivo y apoyar procesos virtuosos de cocreación junto a nuestros representantes, generando nuevas visiones de la sociedad hoy inimaginables.
Si EspaƱa tiene un futuro democrĆ”tico, este solo puede pasar por la revisión en positivo de un fenómeno percibido como sospechoso como es el lobbying; esto permitirĆa a la mayorĆa acercarse a ello, con consecuencias concretas sobre nuestras prĆ”cticas participativas, las interacciones con la administración y, por ende, sobre la misma cultura polĆtica que impregna la representación.
*Alberto Alemanno es el autor de The Good Lobby. El cambio social a tu alcance, Nola Editores, 2023, y fundador de la organización homónima con sede en Bruselas, ParĆs, Bilbao y MilĆ”n. Es profesor catedrĆ”tico, titular de la cĆ”tedra Jean Monnet en la Ćcole des hautes Ć©tudes commerciales (HEC) de ParĆs, donde dirige el departamento de ciencias jurĆdicas, y profesor invitado en el Colegio de Europa de Brujas.